En medio de una vida cotidiana atravesada por el apuro, el exceso de estímulos y la dificultad para encontrar momentos de pausa, cada vez más personas se acercan a prácticas que proponen recuperar la conexión con el cuerpo, la respiración y la propia experiencia. Entre ellas, el Yoga y el Ayurveda ofrecen caminos estrechamente relacionados, con una mirada que pone el foco en el autoconocimiento y en la búsqueda de un mayor equilibrio.
El yoga suele asociarse rápidamente con las posturas corporales, pero su tradición plantea un recorrido mucho más amplio. La respiración, la concentración, la meditación, la relación con los demás y la manera en que cada persona se vincula consigo misma forman parte de una disciplina que, más que limitarse a una clase, propone llevar determinados principios a la vida cotidiana.

El Ayurveda, por su parte, es una tradición de conocimiento originada en India que aborda la vida desde una perspectiva integral. Su mirada contempla aspectos como la alimentación, los hábitos, la respiración y los estímulos que recibe una persona a través de los sentidos. Desde esta concepción, aquello que incorporamos cotidianamente no se limita a los alimentos: también incluye pensamientos, experiencias e información.
Ambos caminos comparten así una invitación a observar. Qué comemos, cómo respiramos, cómo descansamos, qué incorporamos a través de los sentidos, cómo nos relacionamos y qué lugar ocupamos frente a nuestras propias necesidades son algunas de las preguntas que pueden abrir un proceso de mayor conciencia.
Es en ese cruce entre práctica, conocimiento y experiencia donde aparece la historia de Gabriela Zárate, maestra de yoga y docente vinculada también al Ayurveda, quien lleva décadas recorriendo estos caminos y continúa definiéndose como una “eterna estudiante”.

Un encuentro con el yoga que comenzó en la adolescencia
Gabriela tenía apenas 15 o 16 años cuando tuvo su primer acercamiento al yoga en San Lorenzo, Santa Fe. Una prima la invitó a practicar y, como ocurría en aquellos años, la disciplina podía resultar desconocida para muchas personas e incluso ser asociada con una religión.
En su propia familia aquella primera aproximación despertó curiosidad. Su madre era muy religiosa y el yoga aparecía entonces como algo diferente, difícil de encuadrar dentro de lo conocido. Sin embargo, Gabriela siguió explorando y aquella experiencia inicial terminó convirtiéndose en el comienzo de un vínculo que la acompañaría durante toda su vida.
Al principio, como sucede con muchos primeros acercamientos, su atención estaba puesta fundamentalmente en las posturas. Con el paso del tiempo comenzó a descubrir que detrás de las asanas había un recorrido mucho más profundo.

Para Zárate, el yoga es al mismo tiempo una práctica, una filosofía y un estado al que se llega atravesando distintas etapas. Las posturas constituyen solamente una parte de ese camino, que también incorpora la respiración y la meditación y que tiene como uno de sus objetivos aquietar la mente y disminuir las fluctuaciones de la conciencia.
Los ocho pasos del yoga
Desde la tradición del yoga clásico, Gabriela explica que el recorrido contempla ocho pasos.
Los primeros son los Yamas, vinculados con principios éticos y sociales, y los Niyamas, relacionados con las observancias personales. Luego aparecen las Asanas, es decir, las posturas corporales, y el Pranayama, que trabaja de manera consciente con la respiración.
El recorrido continúa con el Pratyahara, relacionado con la interiorización de los sentidos; el Dharana, asociado a la concentración; el Dhyana, entendido como meditación; y finalmente el Samadhi, como un estado de integración.
Desde esa perspectiva, una clase de yoga no representa un comienzo y un final cerrados. Lo que se practica sobre el mat puede trasladarse a otros momentos y espacios.
Gabriela recuerda en este sentido una frase de su maestro Daniel Espina que sintetiza su manera de comprender la disciplina: “El yoga no se practica, el yoga se vive”.
Caminar, mirar un árbol, preparar una comida o mantener una conversación pueden convertirse también en momentos para ejercitar esa presencia y esa atención.
Una práctica que puede encontrar distintas formas
Para Gabriela, el yoga no pertenece a un único grupo de personas ni exige una única manera de acercamiento. Existen diferentes ramas, estilos y formas de enseñanza que pueden adaptarse a las características y necesidades de quienes se acercan a la disciplina.

A lo largo de su trayectoria transitó por Hatha Yoga, yoga holístico y yoga integral, además de acercarse a propuestas contemporáneas y formarse junto a diferentes maestros.
Su recorrido la llevó posteriormente a Puerto Madryn, donde continuó profundizando sus estudios y su tarea como docente.
En 2017, después de que su maestro, el reconocido periodista Andrés Percivale, atravesara una enfermedad y falleciera en mayo de ese año, sus colegas le propusieron continuar al frente de la escuela. Desde entonces está a cargo de la escuela de Yoga Contemporáneo y Ayurveda, una tarea que continúa desarrollando como parte de un proceso de aprendizaje que, para ella, nunca termina.

Ayurveda, una mirada integral sobre la vida
El recorrido de Gabriela también la llevó hacia el Ayurveda, una tradición de conocimiento originada en India que ella define como un conocimiento sagrado de la vida y como una forma tradicional de medicina de ese país.
Su primer acercamiento se produjo a través de talleres realizados en Puerto Madryn alrededor de 2009 y 2010. En 2013 viajó por primera vez a India, a partir de una vinculación entre una universidad de Rosario y una universidad privada india.
Aquel viaje representó un momento significativo en su formación porque le permitió encontrarse directamente con la tradición de la que provenían muchos de los conocimientos que hasta entonces había estudiado.

Más adelante continuó su formación junto a Lucía de Vincenti, médica cardióloga de Rosario. Desde entonces siguió profundizando sus conocimientos y mantiene una definición que también habla de su manera de transitar este camino: se considera una “eterna estudiante”.
Cuando alimento no significa solamente comida
Uno de los conceptos que Gabriela destaca especialmente dentro del Ayurveda es la idea de que aquello que alimenta a una persona no se reduce a lo que consume.
Desde esta perspectiva, también son considerados los pensamientos, las experiencias y los estímulos que ingresan a través de los sentidos. La mirada propone entonces observar de manera más amplia aquello que forma parte de la vida cotidiana.

Yoga y Ayurveda aparecen así relacionados en una búsqueda común: desarrollar una mayor conciencia sobre la propia experiencia y reconocer aquello que puede contribuir al equilibrio individual.
Para Zárate, ese abordaje no parte necesariamente de una respuesta idéntica para todas las personas. Por el contrario, busca conocer la constitución de cada individuo y reconocer posibles desequilibrios para construir un camino personalizado.
Ese recorrido puede incluir modificaciones en la alimentación, los hábitos cotidianos, la práctica de yoga, ejercicios de respiración, meditación y otras herramientas.

Conocerse antes de encontrar una respuesta
La personalización es uno de los aspectos que Gabriela considera centrales en el abordaje ayurvédico. La primera consulta, explica, puede extenderse durante al menos tres horas porque implica observar, preguntar, investigar y analizar diferentes aspectos de la persona.
El objetivo es conocer su constitución y detectar posibles desequilibrios antes de establecer determinadas pautas.
Por eso, sostiene que no existe necesariamente una misma rutina para todos. Cada persona puede requerir un recorrido diferente de acuerdo con sus características, sus hábitos y aquello que necesita trabajar.
La prevención también ocupa un lugar importante en su mirada. Para Gabriela, algunos recursos sencillos, como aprender a respirar de manera consciente, podrían incorporarse desde edades tempranas y formar parte de espacios cotidianos como las escuelas, el deporte y otras actividades.
La pregunta por la felicidad
Más allá de las técnicas y los conocimientos, hay una pregunta que atraviesa especialmente el relato de Gabriela: “¿Usted es feliz?» o «¿Qué lo hace feliz?”
Cuenta que esa pregunta forma parte de la mirada que encontró en el Ayurveda y que, a su vez, dialoga con una de las ideas centrales que reconoce en el yoga: el bienestar no puede separarse de aquello que le da sentido y felicidad a la vida de cada persona.

Después de casi cinco décadas vinculada al yoga, múltiples formaciones y un recorrido que comenzó en Santa Fe, continuó en Puerto Madryn y la llevó también hasta India, Gabriela sigue entendiendo estas disciplinas como caminos abiertos.
No como conocimientos terminados, sino como herramientas que permiten seguir observando, aprendiendo y conociéndose.
Para quienes quieran acercarse a sus propuestas, Gabriela Zárate se encuentra en Facebook e Instagram como Yoga Gabriela Zárate. Sus clases y actividades se desarrollan mayormente en Casa Toschke, de Puerto Madryn.
Yoga y Ayurveda pueden ser, desde esta perspectiva, dos puertas diferentes hacia una misma búsqueda: detenerse en medio de la vida cotidiana, observar lo que sucede y encontrar herramientas para transitar el propio camino con mayor conciencia.














