lunes, 28 noviembre, 2022
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Tolerancia cero: Un cambio cultural

En nuestro país, uno de cada tres conductores que protagoniza un accidente vial tiene alcohol en sangre.

Las ciudades de Chubut se van poniendo a tono con los países más civilizados del mundo. Y no tenemos que irnos al Viejo Mundo para mirarnos al espejo. En países vecinos como Brasil, Chile y Uruguay hace décadas que se implementó la tolerancia cero de alcohol para manejar.

En la Argentina son cada vez más las ciudades que se animan a dar este paso; persuadidos por las estadísticas. En nuestro país, uno de cada tres conductores que protagoniza un accidente vial tiene alcohol en sangre. Y como contrapartida, en las provincias donde se aplica la tolerancia cero, los accidentes de tránsito han disminuido hasta el 35%.

Estos datos se corresponden con lo que los especialistas dicen con respecto al efecto que provoca el alcohol en los conductores. Disminuye la capacidad en la visión, reflejos, capacidad motora, discernimiento y concentración. Y provoca dos estados muy peligrosos. Por un lado, un estado de exaltación y por el otro, una sensación de seguridad falsa, que hace que el conductor maneje más rápido, realice maniobras intempestivas y asuma mayores riesgos.

La situación se agrava cuando hablamos de adolescentes o jóvenes, porque el sistema nervioso central de ellos o ellas está en desarrollo y el alcohol los impacta más duramente.

Otro dato para compartir: La Organización Mundial de la Salud afirma que el alcohol genera efectos en el cuerpo desde el primer trago. Por lo tanto, si queremos manejar seguros no tenemos que tomar una sola gota de alcohol. En definitiva, no es por miedo a la multa que nos pueden cobrar sino porque es la forma de evitar accidentes.

Se han escuchado algunas voces críticas. Algunos consideran que hay sectores de la gastronomía que se van a ver afectados con esta medida. Sin embargo, en los lugares donde se aplica la tolerancia cero, nadie dejó de ir a un restaurante, a una cervecería o una fiesta de cumpleaños. Lo que sucedió y también sucederá en nuestras ciudades, es que las personas que asistan a esos lugares, no irán manejando un vehículo.

La idea no es jorobarle la vida a nadie. Se trata de la vida o muerte de los que manejan o de los que se cruzan en el camino, que pueden ser nuestros hijos, nuestras parejas, nuestros parientes, nuestros amigos, nuestros nietos. El alcohol al volante se ha cobrado demasiadas vidas como para que no nos demos cuenta de que algo tenemos que hacer.

Llegó el momento de demostrar que somos capaces de dar un salto de calidad como sociedad. Y de producir un verdadero cambio cultural para que todos y todas estemos más seguros y más felices.

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