SI SUPIERAS: Son corruptos y punto

Columna de opinión

La sacudida ética de la semana fue el despido, el “raje”, que le dieron al Ministro de Salud de la Nación, estandarte de la gestión de Alberto Fernández.

Aprovecharse de “viejas amistades” para saltarse la fila y llegar antes a ser vacunados, palabras más palabras menos, así lo explicó el fiscal periodístico de la nación Horacio Verbitsky cuando confesó que un llamadito al Ministro de Salud aceleró el proceso para inmunizarse contra el COVID.

Dos hechos de corrupción, en la categoría de “aprovechadores” o “ventajeros”, dos condiciones detestables en la sociedad, lograron que Ginés y el “perro” Verbitsky bajen a los lugares más subterráneos de la escala de la apreciación social. Por un lado, el que pide y por el otro lado el que da, sabiendo ambos que no está bien.

La indignación que sucede a la decepción, es más intensa y lacerante, cuando los protagonistas son portadores de un aura de incorruptibilidad, ya  derrochado y deshecho. ¿Acaso irrecuperable?

No existen escalas a la hora de medir la corrupción, no hay una escala como la de Richter, para medir por cantidad y calidad. Siempre se trata un acto de corrupción y punto. Y el acto no existe en abstracto, si no hay un humano que lo perpetre.

En territorio propio la onda expansiva y las “réplicas”, si abusamos del lenguaje sísmico, provocan que el buitrerio político de vueltas en los cielos, anunciando pedidos de informes y dudas, que se han agravado más con el episodio comodorense  de vacunaciones en el gremio de camioneros.

El Ministro de Salud Fabián Puratich, un admirador del ministro eyectado, estuvo en el ojo del huracán “covid”,  y ahora mucho más porque hasta un fiscal federal, Guillermo Marijúan, quiere saber qué pasó en las provincias con las remesas de vacuna.

Volvamos al tema de la corrupción, modo Chubut.

El comienzo del juicio en la causa “Revelación”, nos ofrece una de las tantas versiones locales de la corrupción autóctona. A la justicia le corresponden algunas indulgencias que a la comunidad poco y nada le agradan. Son incontables las marchas reclamando justicia por delitos varios, clarísimo gesto social de disconformidad con la justicia.

Los vericuetos legales, las sombras judiciales, los plazos, los tiempos, los eufemismos, las victimizaciones, pueden hacerlos zafar de la cárcel, así sucedió, o perder un poco más de dinero.

A los  ojos de la sociedad, siguen siendo corruptos. Pueden creerle los jueces, la comunidad casi seguro que no.

Pero volviendo al tema en cuestión es que en el mismo recinto judicial desfilan los nombres de poderosos capitanes de la industria de la construcción, otrora funcionarios de alto rango y gobernadores recientes, todos codo a codo, rozándose, en el robo a mano enguantada que fue la obra pública en Chubut. Y la pregunta es, ¿lo seguirá siendo?

Los nombres siguen siendo los mismos y tras las cortinas de palacio también.

Ahora es posible al menos preguntarnos si el Chubut de las deudas salariales, el Chubut del comienzo de clases incierto, el Chubut de los tribunales lerdos, el Chubut de los hospitales con días de paro, el Chubut con ciudades sin luz y sin agua, el Chubut de los desocupados, el Chubut de los merenderos, el Chubut de los comercios cerrados,  no es el Chubut que los corruptos nos legaron.

Para la justicia podrán ser más o menos delincuentes los de acá o los de allá, pero para la sociedad seguramente lo fueron y quizás lo sigan siendo.

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