SI SUPIERAS: Con la democracia no alcanza para comer, curar y educar

Día de la restauración de la Democracia

La celebración de la democracia o la vuelta de la democracia en la Argentina, no puede ser apenas una lista de frases hechas, de fotos para la ocasión, o un acto donde la fecha del calendario solamente imponga el “algo hay que hacer”, porque sí. Sin pensar, solo con la inercia de las fechas y recurriendo a Google para  frases apropiadas pero inconsistentes. Huecas. Frases solo frases.

Los actores de la política modo argentino respecto de la democracia, tienen una actitud análoga con la de los conductores de vehículos: yo manejo bien, el resto un desastre. En sus declaraciones parecen decir: yo soy el único demócrata, el resto lo contrario.

Señalar y juzgar al resto desde ese pedestal, contradice el discurso.

La democracia, según nos enseñaron, es un sistema de gobierno, donde el respeto por las opiniones diferentes y los sacrificios propios por el bien de la mayoría son la base de sustentación de la administración de la cosa pública.

Ahora las largas carreras políticas saltando de puesto en puesto del gobierno, protegidos por la prosapia del apellido, y una continuidad en despachos y con sueldos oficiales, se parece más a una “aristocracia” que a una “democracia”.

Hijos, nietos y familiares, cual casta de la nobleza de los gobiernos monárquicos, aparecen como una repetitiva clase social con prerrogativas y beneficios, que atenta contra el sistema donde el que gobierna es el pueblo, pero los que arman las listas son los mismos.

“Con la democracia se come, se cura y se educa” decía Alfonsín en 1983.

Era una frase más antidictadura, anti represión y anti militar, que convirtió a Alfonsín en la imagen de la democracia. Bien por él, ya que la historia le asignó ese brillante sitial.

Podríamos pensar que democracia hay, pero escasean los demócratas, aunque se desgarren en el discurso mientras lloran el hambre de inmensos sectores de la sociedad, desde una lujosa mansión y ocultando por vergüenza los lugares donde vacacionan.

Los índices de pobreza en aumento, la inflación permanente, el aumento permanente de todo, el miedo de llegar de noche a la casa, el temor paralizante por el futuro de los  hijos y las hijas, les recuerdan que las fotos sonrientes  en un acto de jura o en actos públicos debiera evitarse.

Niños y niñas desnutridas, familias destruidas por un conductor borracho, un remedio que no llega, un jubilado que le postergan de nuevo el turno, un alumno que se duerme en el aula porque no come, una madre sola y golpeada que espera que llegue la policía, son apenas un breve recordatorio que los y las autoproclamadas protagonistas de la democracia le deben a los habitantes del país como respuesta concreta y no por redes sociales. No es democracia si los que la  celebran son los únicos y unicas que comen, se educan y se curan y el resto espera y mira desde el otro lado de la valla.

No es momento de aplausos y abrazos, es momento de pensar en aquellos a quienes dicen priorizar.  No es ni mañana ni en el futuro, es ayer.

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