Durante la noche del lunes se registró el robo de aproximadamente 750 metros de cable de cobre de media tensión en el área de Campamento Central, dentro del sector upstream de la Cuenca del Golfo San Jorge.
El cable sustraído, de 50 mm² y correspondiente a una línea de 10,4 kV, formaba parte de la infraestructura vinculada a una Subestación de Producción. Pero más allá del faltante, lo que generó mayor preocupación fue la mecánica del delito: varios postes del tendido eléctrico fueron derribados de manera intencional.

En el lugar, además, se encontró un rollo de cable ya preparado para ser trasladado, lo que sugiere que la maniobra fue interrumpida antes de completarse en su totalidad.
La intervención policial se activó durante la madrugada, con la participación de efectivos de la Comisaría de Laprida y personal de Criminalística, quienes realizaron las pericias correspondientes para avanzar en la investigación.

Desde el sector energético reconocen que estos hechos continúan ocurriendo a pesar de los refuerzos en seguridad, que incluyen patrullajes permanentes, monitoreo y controles en zonas consideradas críticas. Sin embargo, los robos no solo persisten, sino que muestran niveles crecientes de organización.
En este contexto, el foco vuelve a posarse sobre un punto clave: la cadena de comercialización del cobre robado. Distintas fuentes coinciden en que resulta difícil explicar cómo volúmenes tan significativos de material pueden ser retirados, procesados y vendidos sin dejar rastros.














