viernes, 1 marzo, 2024

Liga del Valle: Matías Fernández, guía de Alumni y un adiós de pantalones cortos

El "Porteño", tal su apodo, dejó de jugar oficialmente hace un par de semanas vistiendo la camiseta del "Tricolor" madrynense.

Liga del Valle: Matías Fernández, guía de Alumni y un adiós de pantalones cortos

250 partidos, 14 goles y 15 años como futbolista-entrenador de inferiores hicieron de Matías Fernández un referente en Alumni. Hincha de Lanús en donde comenzó a jugar a los 3, llegó con su familia tras la crisis de 2001. Su abuelo y su papá también fueron jugadores de primera división.

La historia de alguien que podría haberse perdido en las páginas de una guía telefónica y se convirtió en el guía de una institución, sinónimo de amistad.

¿Hubiese jugado Messi para la selección argentina de no haber existido esa guía?

Averigüen…  

Cuando Matías nació, en Buenos Aires hace 34 años, cualquier escenografía hogareña traía consigo un mueble en donde convivían un aparato telefónico y un enorme libro con pinta de manual. De tapas principalmente amarillas y dentro, como un padrón electoral, por orden alfabético, apellidos de la A hasta la Z.

Entonces las repeticiones: como Fernández, cuyas ramas genealógicas con o sin lazo sanguíneo, se extienden entre los primeros puestos de los apellidos mas repetidos en nuestro país.

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El “Porteño”, un referente de Alumni en los últimos años.

De chiquilín te miraba de adentro

Contrariando a la letra tanguera, nuestro protagonista siempre estuvo del lado interno de la vidriera o de la ventana. O en una cancha de fútbol, que para el hincha fanático de Lanús es prácticamente lo mismo: “Comencé a los 3 años en la escuelita siendo el más pequeño ya que jugaba con niños de 5. A mis 5 pasé a cancha de 11 mientras jugaba al baby hasta que fui a Los Andes”, le contó Matías Fernández a Canal12web.

Si los Fernández son de los apellidos que lucen en mayor cantidad, los jugadores profesionales no son la excepción. Entre ellos están su abuelo y su papá: Alfredo Ángel Fernández atajó en Claypole mientras que Jorge Fernández lo hizo como golero en Temperley y en Atlanta.

La crisis de 2001 y un viaje desde el Sur al Sur

Son tiempos sensibles en la historia argentina. Cuando todavía no se hicieron cáscaras crisis anteriores, la actualidad nos tapa con otra u otras. Así fue como aquella familia del matrimonio Fernández y tres hijos decidieron cambiar el sur del Gran Buenos Aires por el sur del país. “Mi abuela paterna y una tía ya vivían en Puerto Madryn. Mi papá estaba sin trabajo, pero manejando un remis quisieron secuestrarlo.

Allí se determinó irnos de Buenos Aires. Llegamos con una mano detrás y otra adelante. La familia alquiló una casa en barrio sur mientras que mi mamá (Sandra Cacecé), docente, obtuvo una vacante en la escuela 736 que por entonces estaba ubicada en el barrio Comercio I. Ahí estudié e hice mis grandes amigos”, añadió Fernández.

Alumni, ese tricolor con sentido de pertenencia

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Una de las formaciones de Alumni con algunos de sus amigos.

Ese vínculo, a sus 13 años, forjado en la escuela se soldó en el club del barrio Roca. Si hay algo que destaca a ciertas entidades es su propia idiosincrasia: la del “tricolor” es dicho espacio geográfico y los alrededores en donde emergen los Comercio, América, los Covimar. “Mis amigos me insistieron para ir a Alumni. Mis primeros entrenadores fueron Lastra, Héctor Ochoa –“Nada que ver con el “Mago”, Juan Carlos”, aclaró- y Alberto Lazarte quien me llevó a realizar una pretemporada, a los 13 años, con la primera. En el club comencé en la novena hasta que me fui a Deportivo Madryn en donde alcancé la máxima división, también de la mano de Lazarte, con la paradoja de haber jugado una final -en 2007- contra Alumni en donde estaban mis amigos con Sebastián Bianchi, Prado, Peña y Julián Moreno”, destacó Fernández.

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Otra formación de Alumni de los ‘2000.

Tras una temporada sin poder jugar regresó a su amor de 3 colores. Desde esa ocasión, en 2009, tras la insistencia de Tadeo Adaro -otro de sus compañeros de ruta- regresó al club para no irse más. Ni siquiera en esta hora de retiro en pantalones cortos: 250 partidos y 14 goles de los cuales, Fernández ubica a dos como especiales; uno frente a Deportivo Roca, de cabeza (“ese fue particular porque surgió de una jugada preparada con Albano Volpi”, acotó) y otro ante Independiente de Trelew porque “pudimos espantar el descenso”.

Joven, pero con experiencia: etapa como director técnico

La relación de los Fernández, la de Matías y Jorge, su papá, fue condimentada con el amor filial con altas dosis futboleras: “Si bien el tiempo pasa y aparecen las lesiones, el fallecimiento de mi viejo me dejó patas para arriba; seguí jugando con ese envión de motivación. El fútbol me sirvió para salir de ese momento jodido”, subrayó emocionado Matías.

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Fernández, en su rol de entrenador de formativas del club.

Como en el basquetbol, Fernández comenzó muy joven a desempeñarse como entrenador de las categorías formativas de Alumni: “Siempre me gustó estudiar, aprender. Cuando llegó Juan Angeleri al plantel (N. de la redacción: se trata de quien es preparador físico y posteriormente se dedicó a la dirección técnica) me invitó a formar parte de su equipo de trabajo. Comencé con la novena y ya no paré hasta ahora. Supongo que esa rutina de jugar y dirigir me llevó a tomar esta decisión del retiro como futbolista. Me gusta transmitir los valores y el sentido de pertenencia. En Alumni la palabra que nos distingue es la amistad. Soy muy amigo de Lucas Bastiani, del “Oso” Gómez, de “Carlitos” Giunta y de Walter Jofré, entre tantos. Ese es nuestro sello”, explicó Fernández ya en su nueva-antigua función.

La última tarde

Matías, el Fernández de la guía, el guía de este Alumni en los últimos 15 años, como si fuese un guiño del destino tuvo que esperar para decir adiós que es más que un hasta luego. La lluvia, del fin de semana anterior a las elecciones nacionales, le permitió una “segunda vuelta”. Levantó los brazos, agradeció a los presentes que son los amigos del fútbol, sus hinchas que viven en el barrio, se emocionó seguramente pensando en su viejo tan futbolero como él y recibió las plaquetas que, por si hacían falta, demostrarán que pese al apellido común su paso en el “tricolor” ha sido extraordinario.

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