domingo, 7 agosto, 2022
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Greenwashing para seguir durmiendo

Separás cartón, botellas y plásticos de la basura. Los lavás y secás para que entren en la cadena de reciclado. Elegís consumir menos productos y cuando lo hacés, buscás los que hayan sido elaborados de manera sustentable o que sean de mejor calidad para que duren más tiempo.

El cuidado del ambiente es una de tus prioridades. Lo mismo pasa con un gran porcentaje de la sociedad, y las empresas lo saben: detectan los cambios de consumo de sus grupos de interés y son conscientes de que, en caso de no cambiar o incorporar ciertos criterios sociales y ambientales, sus ventas podrían bajar.

Ya no es suficiente con tener precios baratos en el mercado. ¿Cuál es la solución que encuentran para seguir vendiendo?

El Greenwashing, también conocido como ecoblanqueo o lavado verde. Diferentes formas de nombrar un mismo concepto que busca generar una imagen positiva como marca o empresa para cubrir las necesidades de un consumidor o consumidora curiosx, dándole la  falsa imagen de tener hábitos responsables, respetuosos con quienes producen, ser consciente de los recursos y deshechos, y tener una postura comprometida frente a un tema realmente importante: la crisis climática y ambiental.

Saben que palabras como “consciente”, “eco”, “orgánico” y “sustentable” despiertan confianza en las personas y las comparten en sus packagings, publicidades y redes sociales. Sin embargo, en el proceso de producción mantienen las mismas prácticas en el proceso de producción y solo cumplen con las mínimas regulaciones legales para evitar multas o sanciones. Incluso operan bajo otra fachada y hasta emplean nombres falsos, pero siguen operando de la misma manera.

¡Sí! Muchas veces producen el mismo producto pero solo diseñan una etiqueta nueva.

Claro está que cambiar las formas de trabajo resulta complejo, sobre todo para las empresas que cuentan con una estructura y un modelo de trabajo establecido. Pero ante la problemática que vivimos en el Planeta, es necesario parar la pelota y ver que las empresas y marcas muestran políticas ambientales y sociales que en la práctica no aplican.

Algunos ejemplos de marcas que recurren a estrategias engañosas de marketing para seguir enriquciéndose a costa del futuro (inmediato) del ambiente son:

Coca-Cola: Por un lado, lanzó una versión “green”, que no tenía nada de novedoso ni tampoco de “verde”. Además, puso en el mercado europeo la campaña de Innocent, con dibujos animados para televisión en Reino Unido, con animales de asepcto simpáico cantando canciones sobre el reciclaje y cuidados del planeta. Sin embargo, no había hecho nada por cambiar su envase, formado por plástico de un solo uso.

Greenwashing para seguir durmiendo
Renovables verdes

Starbucks: en 2018 lanzó una tapa sin sorbete para sus bebidas con el supuesto objetivo de reducir la generación de plástico. ¿Qué pasó realmente? La tapa contenía más plástico que la anterior.

Un caso parecido fue el de McDonald´s, una de las marcas más hipócritas que abusa del Greenwashing, y que introdujo pajitas de papel que resultaron no ser reciclables. Además, para producirlas, es necesario talar árboles.

Hace dos semanas, en el Día Mundial del Ambiente, publicaron en sus redes sociales

acerca de lo que llaman su “plataforma de sostenibilidad”, e invitaron a sus seguidores (consumidores) a demostrar que “cambiando un poco, cambiamos mucho”. Aunque el posteo estaba acompañado por emoticons relacionados con la ecología y la naturaleza (brotes con hojas, símbolo de reciclado) y el hashtag remarcando el acontecimiento, la compañía de fast food es una de las más contaminates.

¿Por qué? Viven del consumo de carne de vaca, que es una de las formas más destructivas para el planeta. La agroindustria y la ganadería intensiva tienen efectos socioambientales nocivos, como la creciente resistencia a las bacterias ante el uso masivo de antibióticos. Por otro lado, la siembra extensiva de soja y maíz genéticamente modificados (que también afectan a la salud humana); la creciente presión sobre la frontera agrícola en bosques y selvas, y la expulsión violenta de campesinos y comunidades indígenas, entre otros.

IKEA: aunque siempre fue considerada como un ejemplo de empresa sostenible, en 2020 uno de los minoristas proveedores de muebles fue vinculado con la tala ilegal en Ucrania. 

¿Y qué decir de las empresas de agua natural de manantial? Algunas marcas internacionales como Evian, Poland Spring y Deer Park, o nacionales como

Usan botellas que muestran la naturaleza en sus etiquetas. Sin embargo, están diseñadas para ser de un solo uso y contribuyen al problema de los residuos de plástico en todo el mundo.

Entonces, ¿qué hacer frente al Greenwashing?

  • Evitar confiar en los slogans de marcas o empresas que no tengan mayor información de cómo elaboraron el producto.
  • Chequear que sean libres de crueldad animal
  • Que hayan sido elaborados con materiales orgánicos a través de sellos o etiquetas que lo garantizan
  • Si quieren que sigas consumiendo, desconfiá y, en la medida de lo posible, volvé a la premisa de reutilizar, renovar y reciclar.

La ambientalista Greta Thunberg dijo en una Charla Ted con respecto a la crisis climática: “Todo debe cambiar. Y eso debe empezar hoy. Lo que hay que hacer es despertar y cambiar».

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