jueves, 30 mayo, 2024

"Deportivo Madryn es mi vida", José Bustos: el primer masajista e histórico colaborador

En el centenario del Club Madryn recordamos las entrevistas que son parte de esta hermosa historia: José Bustos, masajista del equipo que ganó los cinco campeonatos. Toda una vida en Deportivo Madryn desde que se afincó en la ciudad, tras llegar de Telsen, a los catorce años. Fueron múltiples sus actividades siempre como colaborador. Compañero de Rosa Coppa (llevan juntos 62 años) según Mario, uno de sus hijos, en el árbol genealógico futbolero que suma a los Regues y a los Solco, en la familia hay solamente un hincha de Brown.

Cábala y funciones. José Bustos aparece en cada fotografía parado, primero a la derecha. “Te pido que trabajes en las inferiores”, le dijo Edgard "Tallarí" Sanz, otro incansable colaborador de la entidad y lo conquistó (La cuarta, campeona e invicta, a mediados de los 60').

En el centenario del Club Social y Deportivo Madryn compartimos con todos ustedes las entrevistas e historias que fuimos desarrollando a lo largo de estos meses. Un camino que tiene en el recuerdo a cada protagonista, los mantendrá vivos a través del tiempo y en esa misma dialéctica, los hará partícipe de un gran festejo.

José Bustos fue el primer masajista de los equipos aurinegros. Colaborador incansable encontró su puesto al lado del “Tata” Menghini, entrenador del quintuple campeón a fines de los 50 y principios de la década del 60. Estuvo a punto de jugar en Ferro cuando lo llamó Arturo Posse, presidente de Deportivo Madryn. “Era difícil jugar en esa época”, le contó a Canal 12 web quien a sus ochenta y cuatro años sigue pegado al alambrado. “Deportivo Madryn es mi vida”, expresó emocionado.

Toda su vida al lado de Deportivo Madryn

“Antes era difícil jugar. El reglamento no te permitía un reemplazo cuando alguien se lesionaba. O lo hacías en primera o en segunda, reserva como se mencionó después. Un día me encuentro a “Lalo” Martín que jugaba en Ferro y me propuso ir a entrenar con ellos. Estuve 10 días hasta que me llamó Arturo Posse, el presidente por entonces, y me dijo que me quería como colaborador. Nos juntamos con Menghini que empezó a darle lugar a los mas jóvenes. El “Tata” me indicó qué deseaba. Vas a estar conmigo. Entonces marcábamos la cancha, a las 8, veíamos cuales eran las necesidades incluyendo si una pelota se iba lejos”, nos cuenta en su casa José Bustos.

Deportivo Madryn: José Bustos Y El Sonido De Los Silenciosos
“Antes era difícil jugar. El reglamento no te permitía un reemplazo cuando alguien se lesionaba. O lo hacías en primera o en segunda, reserva como se mencionó después”, contó José Bustos. Esta imagen puede certificar esta frase. Se trata de un amistoso entre las comisiones de Madryn y Brown.

Todo está guardado en la memoria (y se comparte)

La casa es una romareda. Entra y sale gente todo el tiempo. Don José, de flamantes 84 años -los cumplió el 11 de febrero-, se acomoda en un sillón y aprieta un play imaginario. “Todo está guardado en la memoria”, canta León. Entonces Bustos, que no entona, aunque la música será un tema de conversación, repasa cada momento como si hubiese sido ayer.

Y ayer es remontarse a mediados de los 50’ del siglo pasado: “Nací en Telsen y veníamos con mi papá, Eustaquio Torentino, quien había nacido en Balcarce. Mi mamá, Carolina Bossio, piamontesa, llegó al país a sus diez años. Mi padre vendió el campo y nos instalamos aquí, en Madryn. Nuestra barra eran Gabriel Montecino, Héctor Pallardo, Aurelio Zdravcoff, Alfredo Palermo, “Papi Trucha” Fernández, “Palanca” Ponce y Argentino Melín”, dice y parece transportarse a las tardes de juego en la sede del club inaugurada en 1951.

Eran las tardes porque durante las mañanas había que salir a trabajar. Eustaquio falleció cuando José tenía 15 años y debió “bancar la parada”. Carolina sabía en donde estaba su hijo: “El club era mi casa y mi mamá estaba tranquila porque tenía en claro en donde estaba. Me juntaba con los mas grandes. Hasta que empecé a ir a los bailes en donde, los que se hacían en Brown eran mas lindos”, resume y parece ruborizarse porque un rato antes, Mario, uno de sus hijos, enumerando a gran parte del árbol genealógico admitió que, en esa inmensa familia, solamente había un hincha de “La Banda”.

Deportivo Madryn: José Bustos Y El Sonido De Los Silenciosos
Vida social.El club era mi casa y mi mamá estaba tranquila porque tenía en claro en donde estaba. Me juntaba con los mas grandes. Hasta que empecé a ir a los bailes en donde, los que se hacían en Brown eran mas lindos”.

Rosa, árboles y las ramas aurinegras

No podía ser de otra forma porque Rosa, la esposa de José desde hace 58 años, es Coppa de apellido. Una firma bien futbolera como lo son los Regues y los Solco, otras de las ramas de ese florido árbol. “Como en, casi, todo aprendí mirando. Con “Rosita” íbamos a bailar hasta antes de la pandemia”, dice.

Si las canchas eran la manera de entrenar la vista para analizar los partidos (“Me arrepiento de no haber hecho el curso de entrenador”, compartirá en algún momento) junto a Menghini, las pistas fueron el sitio ideal para ensayar esos pasos que lo enlazaron a Rosita tras cuatro años de noviazgo.

Mientras la orquesta de Cilano, una formación valletana, se transformaba en la melodía fundamental para darle a las rancheras, a la milonga y al foxtrox, como en una línea paralela don Coppa ya se había jubilado en el correo y tras sus pasos por Sarmiento y Puerto Pirámides se afincó en El Golfo.

Su futuro suegro conocía al gerente de Tycora, una fábrica textil, en donde José ya venía desempeñándose entre diferentes máquinas. Hasta allí llegó su compañera que, en primera instancia lo fue del trabajo y luego en la vida: “En mi afán de aprender, porque solamente había alcanzado el sexto grado, pero muy bueno, cuando supe que se había abierto la escuela de policía me anoté. Los cadetes me pasaban los manuales y cuando parecía que el destino, una vez que nos casamos, era irse a vivir a Rawson –“en el tiempo que estuve allí estudiando fui pocas veces a la playa”, añade- me llama el responsable de la textil en donde Rosita ya era encargada y me hizo una propuesta que acepté enseguida”, sintetiza Bustos.

Obviamente tras las ceremonias de civil y religiosa la fiesta se hizo en la sede del Club Madryn.

Deportivo Madryn: José Bustos Y El Sonido De Los Silenciosos
Toda una vida juntos (y junto al Deportivo Madryn). Rosa Coppa y José Bustos se conocieron en Tycora, fábrica textil. Consolidado el noviazgo, después de cuatro años, llegó el casamiento. Tras el civil y la ceremonia religiosa llegó la fiesta. ¿En dónde se iba a realizar sino fuese en la sede del club Madryn?

Del mito al hecho hay un trecho (recorrido por José)

Como una especie de Carlovich del área, Rufino Etchaide se hizo leyenda con el paso del tiempo, mismo tiempo que parece haberlo asociado como a un mito ¿Existió Rufino? ¿Era tan bueno como dice la mayoría? Ya Ubaldo Monocchio, en una de las entregas anteriores de “Camino al Centenario” nos habló cuando, junto a Abel Sastre, lo iban a buscar al campo.

Bustos rebobina aún mas la película: “Valentín Sipson se lo recomendó a Menghini ¿Por qué no lo probas en el cuadrangular” ?, hurga y encuentra en su memoria José quien agrega que “hizo dos goles. Ahí se vio que puliéndolo iba a andar un fenómeno. El entrenamiento era duro, no todos se aguantaban ese ritmo y así fueron apareciendo los mas jóvenes. Entre tantas tareas me encarga la de masajearlos. Una vez fuimos a Esquel a jugar un provincial y me encontré con un alemán que me transmitió algunas claves compartiéndome, también, medicinas curativas”.

Entre los mimados estaban su amigo Melín –“un partido contra Germinal le pegó flor de baile a Baigorria. Tenía gambeta y amague”, describe-, Walter Casado que necesitaba proteger, especialmente, su rodilla y Romualdo Peinipil.

Deportivo Madryn: José Bustos Y El Sonido De Los Silenciosos
Sí, existió. Rufino Etchaide, con la pelota en sus manos, hincado y José Bustos, el primero, parado, de derecha a izquierda. Colaborador histórico, José fue masajista, entre tantas actividades: “Rufino no quería saber nada con los masajes. Si bien tenía la ventaja que Melín lo asistiese era un gran goleador”.

Otra vez la leyenda y el mito. O una cosa o la otra. O ninguna de las dos. “Rufino no quería saber nada con los masajes. Si bien tenía la ventaja que Melín lo asistiese era un gran goleador. En la carrera resultaba imparable. Siempre leyendo la jugada, sabía usar el cuerpo y cuando se necesitaba una mano en el medio ahí estaba”, establece Bustos quien entre los que no quería masajes ubica a Eugenio, hermano de Rufino, “un wing rápido”, resume.

Kilómetros y trabajos

Silvia, la hija que lo hizo bisabuelo (sus hijas, Carolina y Carla, a su vez son mamá de Valentina y Lautaro, y de Sol, respectivamente), necesario puente para poder conversar con José, si bien se autodefine como con poca memoria tiene recuerdos imborrables: “Cuando no teníamos auto era tomarse el colectivo para ir a los partidos de visitante. Después, ya en auto, lo mismo teníamos que transitar los caminos de tierra. Una época hermosa”, subraya al tiempo que Mario sonríe al rememorar, él también, sus tardes de “mascota” cuando no alcanzaba los siete años.

Deportivo Madryn: José Bustos Y El Sonido De Los Silenciosos
Silvia, José y Mario. Falta Rosa, la compañera con quien lleva 58 años de casado, y 62 juntos, quien está lesionada y no pudo posar. Matías, Morena, Carla y Carolina, los nietos. Valentina, Sol y Lautaro, bisnietos. “La familia, juntando a los Coppa, los Solco y los Regues, salvo uno, somos todos de Madryn”, contó Mario.

“Madryn es mi vida”, expresa José y los ojos, que parecen haberlo visto todo, se ponen colorados

El laburante que estuvo 12 años en la policía como oficial de guardia, quien luego comenzó a caminar por los campamentos en donde Aluar había tercerizado la confección de la empresa, se transformó en supervisor de la empresa hasta que se jubiló. Allí, como nos contase, en otro capítulo, Juan Carlos Ochoa, paraba la oreja sintiendo en clave de fútbol. Así fue como persuadió al propio Ochoa para que volviese a jugar tras su paso por Villa Mitre, entre otros.

En el medio, como si fuese sencillo encontrar ese espacio, fue marmolero: “Aprendí el oficio mirando, siempre mirando. Una vez Víctor Comes me preguntó si me animaba a armar una mesada. Me había quedado solo, porque era ayudante, y cuando volvió vio de qué manera la realicé. Ahí nomas me confirmaron como oficial. Entonces pasé a cobrar por metro. Hasta que Madryn pasó a llamarse el cementerio asfaltado”, dice.

Posteriormente fue el momento en que ingresó a la policía no sin antes vivir un hecho significativo en la historia contemporánea. “Estábamos en Buenos Aires cuando se produjo el secuestro de Aramburu. La calle era un hervidero. Habíamos ido con otro compañero y terminamos metidos en medio de ese asunto”, repasa.

Con ojos de entrenador

Edgard Sanz, trabajaba en el banco. Decir el banco es decir Banco Nación. Y decir Sanz hace redundante adherirle o aclarar que se habla de Deportivo Madryn. “Tallarín”, recientemente fallecido, fue un pilar indispensable cuando el fútbol quedó relegado por el básquetbol: “Te pido que trabajes en las inferiores”, le dijo y lo conquistó.

“En aquel momento estaban la sexta, la quinta, la reserva y la primera. Traje a Víctor Díaz que estaba libre y le dije que no se vaya a ninguna otra parte. Para mí era 5, como Calvo que en Ferro jugaba de 4. Eran tiempos de Juan Córdoba, alguien que trabajaba mucho. Don Juan se arreglaba con cualquier cosa. Vivía cerca de LU 17. Entonces, como le conocía los horarios solía llevarlo hasta la cancha en calle Fontana”, recorre en su interior mientras, arriba suyo, un escudo de oro y luto habla por sí solo.

La resistencia de la hinchada para con Córdoba coincide con uno de sus dirigidos. Orlando Costa, quien recuerda cómo fue el marplatense el encargado de transmitirle secretos del arco, también supo suscribir esa idea: “Córdoba era un formador. Se sentía mas cómodo con los futbolistas jóvenes. Los retaba si era necesario. Cocinaba muy bien”, revela Bustos sobre aquel entrenador que fue, a decir de varios, una bisagra en la era mas cercana a estos días.

Deportivo Madryn: José Bustos Y El Sonido De Los Silenciosos
Versión DT: Siempre situado primero desde la derecha, Bustos como entrenador. Aquí dirigiendo en una liga barrial. A lo largo de la charla don José se refirió a distintos técnicos de Deportivo Madryn. También puso el ojo propio para describir sobre el juego.

“(Luis Ignacio) Murúa debutó a los 15 o 16 años. No sé si muchos saben que el apodo de “Pity” lo heredó del “Pity” González. Era “Lucho” para todos hasta que, en las prácticas, cuando Murúa debía remplazar a González, los compañeros empezaron a llamarlo como lo conoce todo el ambiente del fútbol, inclusive fuera de la región”, se encarga de avisar.

“¿Qué festejan, sino ganaron nada todavía?, les decía cuando los muchachos se ponían eufóricos. Fue muy importante Córdoba. Después fue el turno de (“Pato”) Posada y de Collazo que sabían mucho. Collazo era simple y los jugadores le rindieron. A diferencia de Córdoba solía hacer jugar a sus equipos por abajo. Rivilli, por ejemplo, se fastidiaba con don Juan porque se la hacía reventar y a él le gustaba salir jugando. No es bueno tirar tantos centros”, aflora en la visión del DT.

En ese vaivén entre los 50 y los 80, Bustos vuelve tras los pasos de Menghini a quien considera un precursor: “Ñonquepan jugaba de 8 y lo puso de 4. Muchos de esos jugadores, tranquilamente, podrían haber jugado en primera en otros lados o ahora, por supuesto. Su secreto fue conducir a un equipo que eran amigos. Muy buenos compañeros. Fueron récord en la liga, ganaron el provincial y llegaron a la Bombonera”, explica quien no pudo estar en esa mítica noche en la cancha de Boca por razones laborales.

Deportivo Madryn: José Bustos Y El Sonido De Los Silenciosos
Histórico. Cuadrangular en la cancha de Boca. Don José se perdió esa oportunidad porque tenía que trabajar. A la par de su actividad en la institución que cumplirá cien años, el próximo 7 de mayo, Bustos tuvo diversos oficios y empleos.

Sobre “Poldo” y los nuevos tiempos

El complejo actual del Club Social y Deportivo Madryn lleva el nombre de “Poldo” Remussi. Don “Poldo” resaltaba por su altura, y no solamente referido a lo físico: “Cuando comenzamos a declinar se nos venía el descenso encima (finales de los sesenta) y en la última fecha jugábamos contra Independiente, allá en Trelew. Teníamos que ganar para salvarnos. Alguien de ellos dijo, cuando llegamos, algo que Poldo entendió no muy honesto”, comenta.

“Si Madryn está acá, en esta posición, por algo debe ser”, respondió “Poldo. Perdimos uno a cero y la categoría. Pero eso te pinta, de cuerpo entero, como era”, destaca Bustos.

Como destaca, desde su mirada del juego, a diversos jugadores que supo mirar. Tales los casos de Luis Género, de Gaiman, “Saldunga” Sánchez, de Germinal, los hermanos Lorenzi, también del “Verde” que “eran bravos”; entre los “ajenos”, y a “Cuchi” Iglesias, Contrera, Rivilli, Galeano y Bona, los propios.

Nombrar a Galeano –“era muy hábil”, señala- y a Bona –“sabía leer el juego. Tenía una gran ubicación”, ilustra- es acercarse en el tiempo.

El mismo tiempo que se fue escurriendo, como la arena en donde hacían pinta con los Comes, en moto, en estas costas, y vio a su hijo Mario seguirle los pasos. Aquel chiquilín que recibió mas de un premio, de sus manos, creció y junto a la camada de sus amigos renovaron la sub comisión de fútbol a principios de siglo.

La historia, desde entonces, es bien conocida. El título de 2003 tras veintiún años sin campeonar, el ingreso a los federales, la cancha nueva, los ascensos.

Don José, como los amigos de la barra cuando la vida se repartía entre el trabajo, el fútbol y los bailes, busca su lugar cerca del alambrado.

Pegadito a esa telaraña de metal.

Tan pegado como lo está su corazón de oro y luto.


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