miércoles, 30 noviembre, 2022
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Los riesgos del "alto estrés y nerviosismo" que supone la pasión futbolera.

La Federación Argentina de Cardiología pone en alerta a la comunidad por los previsibles niveles de ansiedad y stress antes y durante la Copa del Mundo.

Los efectos físicos y psicológicos derivados de la pasión por el fútbol como el aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y el «alto estrés y nerviosismo» que viven los hinchas durante los partidos contribuyen a la aparición de «complicaciones cardiovasculares», por lo que especialistas recomendaron «cuidarse de los excesos» y «prestar atención a signos de alarma», a dos semanas del Mundial de Qatar.

Gustavo Alcalá, miembro de la Federación Argentina de Cardiología (FAC), aseguró a Télam que las expectativas que suscita la Copa Mundial de la FIFA para los muy futboleros y los que no lo son tanto no los libran de las consecuencias que pueden tener esas cargas emocionales en la salud.

«Incremento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, la liberación de adrenalina por ansiedad y hostilidad, más la alteración en ocasiones de las horas de descanso y sueño», enumeró el especialista sobre los síntomas más habituales en épocas de mundiales, que pueden contribuir en conjunto a complicaciones cardiovasculares como arritmias, infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.

El fútbol y la salud cardiovascular

Al ser uno de los deportes más populares del mundo, el fútbol generó más investigaciones sobre su relación con la salud cardiovascular de jugadores y espectadores.

«Una de ellas se realizó durante la eliminación de Inglaterra a manos de Argentina en Francia 1998, luego del tiempo suplementario y los penales (el arquero argentino Carlos Roa atajó dos)», explicó Alcalá.

Ese día y en las 48 horas posteriores «los infartos de miocardio se incrementaron en Inglaterra un 25% en comparación con el mismo período de años sin Copa Mundial de fútbol, describió.

El cardiólogo sostuvo que investigadores de las universidades de Bristol y Birmingham (Reino Unido) analizaron cuidadosamente los datos en 2002 (Mundial en Corea del Sur y Japón), pero el resultado fue que «no ocurrió lo mismo en los otros partidos que disputó la selección inglesa en esa competencia».

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