viernes, 12 abril, 2024

Península Valdés: más de 200 cajones fueron hallados diseminados en las playas del Golfo Nuevo en el último relevamiento

En la arena, en la que no se ven pisadas humanas, sí está repleta de cajones, baldes y restos de redes que caen desde los cientos de barcos que recorren el Mar Argentino en busca de recursos pesqueros. En el último censo ambiental se hallaron más de 200 cajones.

Playas repletas de cajones, baldes y restos de redes de pesca de los cientos de barcos que recorren el Atlántico Sur en busca del preciado langostino.

Doce kilogramos de residuos fue el resultado del último relevamiento que realizaron los integrantes del Programa de Censo y Limpieza Costera, sobre la Unidad Costera de Puerto Madryn, que abarca playa Garipe, la Cantera, Paraná y Cerro Avanzado. La propia cartera ambiental de Chubut, que conduce Roberto Jure, informó que entre los desechos hallados 5 kilos correspondìan a Residuos de la Actividad Pesquera (RAP), como guantes, tanza y trozos de cajones; y casi 7 kilos de Residuos Sólidos Urbanos, entre ellos, botellas plásticas, tapitas y latas de aluminio.

Se ha tornado recurrente la aparición de los típicos cajones de pesca de diferentes plantas en Península Valdés, pero a pesar de las reiteradas recomendaciones, la situación no cambió y continúan apareciendo centenares de residuos diseminados en las playas. Con anterioridad, se había intimado y sugerido a las empresas que realizan capturas en proximidad de la costa que adoptaran mayores recaudos para no generar basura que termina en las playas.

En enero, el censo con drones en Punta Quiroga relevó un número de 30 cajones, aproximadamente. Otras de las playas censadas fue la de Punta Ninfas y El Pedral, al extremo norte del Golfo Nuevo, donde se detectaron más de 180 cajones en línea de costa que, luego, fueron retirados. Previendo que en este momento hay actividad de fauna en la zona, para marzo, Ambiente tiene previsto intervenir nuevamente en dichos sectores. Gestiones que a veces no son sencillas, dado que requieren de la autorización de los propietarios de campos.

“Esta es una parte del trabajo del Ministerio de Ambiente con Áreas Protegidas y la Subsecretaría de Pesca. El censo, que es una acumulación de datos, nos va a servir para determinar si las medidas que estamos tomando van funcionando o no. A medida que avance el estudio vamos a ir sabiendo si la curva está en descenso o se amplía la cantidad de residuos”, explicó Roberto Jure respecto a la etapa inicial de un trabajo que prevé, en principio, ir más allá del armado de estadísticas ambientales.

Las malas prácticas a bordo de los buques pesqueros, una falta de conciencia ambiental y la carencia de un compromiso real de las empresas en corregir esas situaciones han hecho que, las caídas fortuitas de cajones en condiciones propias de la navegación, o peor aún, el voluntario desecho al mar de baldes vacíos de sulfito, conservante de langostino, se transformen en prácticas habituales.

Tuvimos muchas reuniones con toda la industria pesquera para tratar de concientizar y capacitar a través de un consultor. Desde el Ministerio de Ambiente estamos por sacar un registro de buques para que los mismos tengan que presentar un plan de gestión ambiental. Por otro lado, hicimos gestiones en Nación y salió una resolución que todos los barcos que salen a pescar tienen que tener elementos que sirvan para recoger los cajones que se caen accidentalmente al mar”, señaló el ministro de Ambiente.

En el pasado hubo débiles amagues de aplicar sanciones a empresas cuyos nombres figuran en las inscripciones de los cajones que aparecen en la costa, pero sabido es que a bordo de los fresqueros van cajones no siempre con las siglas de la firma a la que pertenecen o la planta a quien le venden el pescado, tal como resaltó Jure a FM Del Viento. Es difícil determinar la trazabilidad del cajón que termina en la arena costera y por consiguiente certificar una falta administrativa que conlleve la aplicación de una medida punitiva.

“Fallan los controles a los barcos. Se debería controlar con cuántos cajones sale cada nave y con cuántos vuelve. Lo mismo con los baldes, las redes y otros elementos de los pesqueros. Prefectura le echa la culpa al puerto, y viceversa. Es importante la educación. Que los trabajadores pesqueros y las empresas entiendan que están destruyendo su fuente de trabajo, que es el mar argentino. Porque si toda esa cantidad de plástico está en las playas, imaginen lo que habrá en el océano”, planteó en su momento Alejandro Ferro, integrante de la agrupación Playas Limpias y habitante de la península.

Lejos del avistaje de ballenas o del deambular de los turistas por el centro de Puerto Madryn, hay otra Península de Valdés que sufre la invasión de plástico en sus cientos de kilómetros de playas vírgenes, sólo habitadas por elefantes marinos y pingüinos. Allí se ve a los animales deambular entre gran cantidad de deshechos que son escupidos por el mar.

El problema más grave con los plásticos es que se convierten en fragmentos más pequeños y los animales los confunden con alimentos. Todos esos cajones y baldes de los barcos que llegan a la playa, se van convirtiendo en microplásticos con el paso del tiempo e invaden los organismos de los animales.

Los enmallamientos en redes y sogas de pesca son una de las principales causas de muerte de ballenas. Por ejemplo, la ballena Franca del Atlántico Norte, de la cual quedan menos de 400 individuos, se encuentra en peligro crítico de extinción como consecuencia de las muertes por enmallamientos y colisiones con embarcaciones.

Los fragmentos plásticos menores a 5 milímetros son considerados microplásticos y representan el problema principal. También porque su diminuto tamaño hace que sea muy difícil poder detectarlos en el momento de la limpieza. De hecho la revista científica Environmental Pollution indicó que el Mar Argentino es de los más contaminados con con este tipo de material a nivel mundial.

La idea de instalar un esquema de identificación y trazabilidad en los aparejos de pesca es algo que se viene analizando desde mediados del año pasado por parte de la Dirección Nacional de Coordinación y Fiscalización Pesquera. De hecho, en agosto se realizó una mesa de diálogo con el objetivo de plantear alternativas que busquen reducir el impacto de los objetos de pesca perdidos, descartados o bien abandonados ex profeso en el litoral marítimo argentino.

Como resultado de ese encuentro, que tuvo lugar en la UTN de Puerto Madryn, se volcaron aspectos que deberán ser considerados para la elaboración de una futura normativa para el sistema de marcado de cajones de pesca, como son: responsables de marcar las artes, creación de registros, factibilidad de control y fiscalización, información contenida en las marcas, entre otras.

Estos habituales cajones negros de 66 y 44,5 centímetros, apilables, reforzados y de gran resistencia que utilizan las flotas fresqueras, tanto como la artesanal, barcos amarillos y los colorados de altura, se han transformado en una problemática inocultable, que exige un profundo y sincero debate hacia adentro del sector pesquero. Se trata de un pasivo ambiental del que pocos hoy se hacen cargo.

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